Pau A. Monserrat en Edufinet Congress

Como profesor asociado de Economía Financiera en la UIB y economista de Enfintech.com he sido invitado a dar mi opinión sobre la educación tecnofinanciera en el marco del Edufinet Congress organizado por Edufinet, Congreso Internacional de Educación Financiera en el que han participado representantes de instituciones nacionales y europeas como el Banco de España, la CNMV, Funcas, Cecabank, la AEB, o el Comité Económico y Social de la UE; catedráticos y profesores de universidades y escuelas de negocios nacionales e internacionales; analistas, auditores, asesores financieros y consultores; representantes de asociaciones empresariales, así como periodistas especializados en información económica.

Mi ponencia versaba sobre la educación tecnofinanciera y el consumidor, con ponentes del máximo nivel, como Carlos Trias (Comité Económico y Social Europeo), Carlos Caballer (PwC), Enrique Fernández (EY). La moderadora ha sido la consejera de Unicaja Mª Antonia Otero.

El consumidor ante el reto de la educación tecnofinanciera

Me van a permitir que me arrogue una posición un tanto presuntuosa, o como mínimo un tanto ambiciosa. Esta posición es la del consumidor medio, normalmente informado y razonablemente atento y perspicaz. El consumidor al que todos los profesionales, reguladores bancos y empresas tecnofinancieras pretendemos aleccionar, estudiar, analizar, formar y tomar como objetivo al que comercializar productos y servicios.

Pretendo dar voz a la persona consumidora con interés por tomar decisiones financieras inteligentes, pero también a la que ni sabe qué debe formarse para no equivocarse en sus decisiones financieras. Una pretensión sin el menor atisbo de ínfula, que se sustenta en mi experiencia vital y profesional. Un sesgo cognitivo que presentamos los profesionales a la hora de juzgar a los consumidores tiene que ver con no ser capaces de ponernos en su lugar, dejando que nuestro conocimiento se proyecte en el del consumidor. Así peritos en juicios afirman ante el Juez sin rubor que, pese a que las escrituras de préstamo hipotecario multidivisa no explican la existencia del riesgo de tipo de riesgo y su efecto en las cuotas y en la deuda pendiente, “es evidente” y que cualquier persona lo sabe. La realidad, mi realidad, es que ni los economistas sin formación específica entienden el funcionamiento de una hipoteca multidivisa.

Ponerse en la piel de un consumidor medio no significa que vaya a defenderlo cuando considere que se equivoca, ni considerarlo víctima cuando piense que no lo es. Significa que solo de abajo a arriba, de menos conocimiento financiero y poder de negociación a más, es posible analizar con éxito las necesidades de educación financiera y tecnofinanciera que se precisan.

El nivel de educación financiero del consumidor medio, normalmente informado y razonablemente atento y perspicaz es bajo.

Por otro lado, es sesgo cultural y cognitivo del consumidor medio supone:

  1. Sobrevalorar (o valorar de forma errónea) los riesgos a la hora de invertir y preferir rentabilidades a corto plazo que en el largo plazo: preferencia por las “inversiones seguras”. Sobrevaloración del riesgo que combinado con una formación financiera baja supone, por ejemplo, mantener una proporción disparatadamente alta en depósitos a plazo fijo de vencimiento anual o menor, o bien considerar que comprar un inmueble es una inversión segura. En la otra cara del sesgo, el consumidor medio que busca inversiones de riesgo “seguras” acaba cayendo en fraudes o inversiones de ruleta rusa, sean productos Forex, sean opciones binarias contratadas tras una llamada desde Malta, sean CFDs.
  2. Sesgo al endeudamiento excesivo: “si me lo da el banco, será que puedo pagarlo”. Toma gran importancia la responsabilidad de los prestamistas financieros y tecnofinancieros a la hora de conceder dinero a crédito, lo que supone no prestar más caro a los solicitantes de máximo riesgo, sino simplemente no concederles financiación. El mercado debería funcionar si las entidades que prestan de forma imprudente acabarán cerrando; no es objeto de esta ponencia señalar el riesgo moral en las decisiones de los prestamistas que supone el esperar que si las cosas van mal acaben siendo rescatados.
  3. Resto de sesgos y errores conductuales que tenemos todos a la hora de invertir y planear nuestras finanzas personales, como las conductas de rebaño, fake news financieros…

Además, a un neófito no interesado específicamente en finanzas le cuesta cambiar sus pautas y aprender: a la pregunta de si quiere saber finanzas el consumidor, afirmaría que sí, si bien muchos no saben cómo y otros no saben que quieren aprender.

Mercado tecnofinanciero y asimetría de la información

Este consumidor, informado, atento y perspicaz se enfrenta al mercado tecnofinanciero, una evolución de la tecnología financiera clásica, nacida antes o durante la aparición de la escritura cuneiforme en Mesopotamia, en la que se incorporan las nuevas tecnologías y desaparecen las personas, en su vertiente visible. Si el consumidor ha pasado de confiar ciegamente en los bancos tradicionales a una especie de desconfianza ciega, la que produce el saber que se pueden no tratar adecuadamente sus intereses económicos, pero sin poder discernir qué o quiénes le son propicios y cuáles no, con el sector fintech se puede volver a una situación de confianza excesiva no justificada: el interés por lo nuevo.

Sin embargo, el conocimiento y control de la propia información relevante a la hora de contratar un producto fintech son claramente asimétricos.

Mercado tecnofinanciero y consumidor

De los cajeros automáticos ATM de Gran Bretaña en los años 60 hemos pasado a países como Suecia, cuyo efectivo en manos del público está en peligro de extinción y ya se preparan para situaciones de amenazas cibernéticas que pongan en jaque los sistemas informáticos de los bancos, o el poder que supone dejar en bancos privados la gestión del dinero interno y externo. De los cajeros automáticos de 1967 en 2018 hay países que debaten sobre la creación de monedas virtuales públicas: la e-Corona.

La tarea de gestionar nuestras finanzas adquiere una complejidad añadida para el consumidor del mercado fintech:

  1. La propia tecnología de la información añade un ingrediente de complejidad a la que se enfrenta el consumidor, ya presente en el mismo momento de contratar el producto, a distancia y sin presencia de personas doctas en la materia.
  2. Los productos y servicios fintech pueden ser los tradicionales al que se le agrega tecnología, como los préstamos lending de prestamistas online o los robo-advisors o gestores de carteras automatizados, o bien vehículos de finanzas nuevos, como los préstamos crowdfunding o el equity crowdfunding.
  3. Si elegir un banco es algo que conlleva tiempo y experiencia, ya que además de valorar su buen hacer y solvencia hay que conocer los productos que ofrece y su nivel de competencia en comparación con los demás, en materia fintech este proceso de elección requiere de una educación financiera adicional: ¿qué robo advisors operan legalmente en España? ¿qué empresas de crowdfunding son plataformas de financiación participativa debidamente registradas en la CNMV?

Formación tecnofinanciera que debe adquirir un consumidor medio:

  1. Neobancos (Orange Bank, N26) y bancos GAFA. Un consumidor español puede abrir una cuenta en un neobanco alemán sin que haya desplazamiento físico alguno.
  2. Inversión en equity crowdfunding. Perfil de riesgo de las empresas más alto. Menores requisitos (de capital mínimo, folletos, transparencia…). Sin mercados secundarios líquidos.
  3. Inversión y crédito crowdlending. Menores costes de transacción (sin red física de oficinas), automatización de la concesión del crédito, rentabilidad de los préstamos pequeños. Crowdfunding y tarjetas de crédito.
  4. Modelos de negocio híbridos: crowdfunding inmobiliario, financiación participativa de pagarés o de emisiones de renta fija,…
  5. Sector del asesoramiento automatizado: comparadores (caso Enfintech.com), agregadores financieros, plataformas de networking y percepción, social trading, plataformas de negociación electrónica y móvil, robo-advisors.

Si la educación financiera es vital a la hora de contratar productos bancarios “normales”, la educación tecnofinanciera es imprescindible si queremos avanzar y complementar nuestras inversiones y crédito fintech.