Tarjeta de crédito de Banco Amazon

Amazon parece estar dando ya los primeros pasos para convertirse en un serio adversario para la banca tradicional, un Amazon Bank en toda regla. Al parecer, el gigante estadounidense estaría negociando con algunos bancos para lanzar su propia cuenta corriente, dirigida a clientes jóvenes y a aquellos que no poseen cuentas bancarias. Esto permitiría al gigante de la logística reducir sus costes transaccionales y, aunque no significaría todavía el desembarco en el mundo financiero como tal, sí es un primer paso, al amenazar el monopolio que la banca tiene sobre las cuentas corrientes.

Y no es el único, en India y en México, la compañía ofrece servicios únicos de pago y contacta activamente a empresas emergentes de tecnología financiera (fintech) con el objetivo de crear plataforma y herramientas digitales que permitan crear alternativas a la banca. El objetivo al hacerse con estas empresas es poder ofrecer una alternativa de pagos on line que pueda, no sólo obviar al sistema financiero tradicional, sino también prescindir de las tarjetas de crédito.

Y en los propios Estados Unidos, aunque no proporciona aún a sus clientes servicios financiero-bancarios como entidad de amplio espectro, no es menos cierto que Amazon ya ha empezado a preocupar seriamente al sector. No podemos obviar que, una media de 33 millones de estadounidenses, utilizan cada semana el sistema de pagos del gigante de Seattle, y además que ya ha prestado desde 2.011, más de 3.000 millones de dólares a pequeñas empresas de su plataforma. Además del lanzamiento de Amazon Cash hace cosa de un año, sistema que permite a los usuarios cargar y gestionar fondos en su cuenta de Amazon.

Lo cierto es que la preocupación de la banca tradicional es cierta y fundamentada. Las compañías tecnológicas tienen ya mucho ganado en una hipotética inmersión en el mercado bancario. Cuentan con los datos y con la relación con millones de usuarios como potenciales clientes, que incluye sus pautas de consumo y, en muchos casos, sus necesidades de financiación, además de la tecnología y los conocimientos para la creación de un modelo de negocio online. Por si fuera poco, no tienen encima la sospecha y desconfianza que la crisis generó sobre las entidades bancarias.

Como botón de muestra de la disposición de las tecnológicas y de los usuarios, una encuesta realizada por el portal Lendedu. Esta encuesta, realizada a mil consumidores que habían efectuado alguna compra en Amazon durante los últimos 30 días ha revelado que un 17,2 % de los encuestados confían más en Amazon para manejar sus finanzas que en la banca tradicional y un 38,3 % afirman que ambos les transmiten el mismo nivel de confianza. Solo un 23,5 % de los encuestados confían menos en Amazon que en los bancos, mientras que el resto (21 %) no está seguro.

¿Es posible que pronto estemos abriendo una cuenta en el banco Amazon y solicitando préstamos e hipotecas Amazon al gigante del comercio electrónico? Según los expertos de ParcelHero, empresa líder de entregas de comercio electrónico, la industria financiera del Reino Unido podría estar segura de ello.

Al fin y al cabo, la banca tradicional está sufriendo un profundo proceso de transformación, que incluye el cierre de sucursales y el salto a la tecnología móvil. Este paso abriría las puertas a las empresas tecnológicas, ya que es precisamente el trato “humano” la clave diferenciadora entre el banco de toda la vida y un banco plenamente digital. Más si detrás de este banco tenemos a una empresa, que goza de nuestra confianza y que ya funciona online, como proveedora de bienes y servicios.

Realmente, Amazon ya es un jugador notablemente importante a la hora de financiar y prestar dinero. Amazon ya es un prestamista de dinero completamente establecido en el segmento de pequeñas y medianas empresas en los EE. UU, Europa y Japón a través de su división Amazon Lending. Esta unidad de negocios ha prestado más de 1,5 mil millones de dólares. Amazon usa sus propios datos internos para los análisis crediticios y suele aprobar préstamos por importes que van de los 1.000 a los 75 mil dólares, con plazos de tres a seis meses.

Además, la compañía ya tiene su propia tarjeta de crédito, Amazon Platinum Mastercard. Esta tarjeta ofrece puntos de recompensa por cada compra, aunque, en realidad, por ahora existe un banco por detrás y Amazon solo opera como intermediario. Si Amazon creara su propio banco o comprara uno ya establecido, el acceso a toda la información de tarjetas de crédito le aportaría aún más información acerca del comportamiento de compras de sus clientes.

Por si fuera poco, los servicios de pagos de Amazon también avanzan a paso firme: en 2016, la empresa de comercio electrónico lanzó “Pay with Amazon” en Francia, Italia y España. Se trata de un servicio parecido al de PayPal que permite a los usuarios pagar por compras que no hicieron en Amazon, incluidos servicios del gobierno, seguros y viajes.

Por eso, está claro que Amazon desea desembarcar en el mercado bancario, otra cosa es cómo lo haga, y desde luego no será seguramente repitiendo el esquema de la banca tradicional. Sólo hay que pensar en los beneficios y las ventajas que obtendría la empresa al atraer a más clientes a su sistema Prime combinado con servicios bancarios: desde intereses más atractivos, hasta la posibilidad de ganar más puntos por compras realizadas. Y no hay que olvidar que estos miembros Prime gastan el doble en Amazon que los que no lo son.

En definitiva, con millones de clientes, trillones de datos, acceso a capital barato y un margen de maniobra aparentemente ilimitado de sus inversores para establecerse en nuevos negocios, Amazon es un competidor temible para todos. Amazon sería el tercer banco del mundo por volumen de negocio, siendo una empresa cuyo valor es casi el 65% del PIB de nuestro país.