
Entre sus muchos planes de futuro, la gran red social Facebook se ha propuesto convertirse un banco global, independientemente de fronteras y países: el nuevo Facebook Bank. La idea es crear un gran operador que mueva dinero de forma muy sencilla y rápida a través del ordenador y del móvil en una comunidad mundial que ahora mismo suma alrededor de 1.700 millones de personas y que sigue creciendo. De hecho, son estos clientes, con sus datos acerca de preferencias y analíticas de comportamiento, los que hacen que el paso de formar parte del proceso de pagos se antoje inmediato.
De momento el servicio de pago online ya está operativo en Estados Unidos a través de la aplicación Facebook Messenger que, con 1.000 millones de usuarios activos, permite enviar o recibir dinero por el servicio de mensajería utilizando una tarjeta de débito Visa o MasterCard emitida por un banco estadounidense. Y ya se está posicionando en Europa como una clara amenaza en el negocio de los pagos. De hecho, las posibilidades son varias; por ejemplo, sería un paso natural interesarse por la intermediación con divisas, o bien incluso analizar la posibilidad de dar préstamos, ya sea a través de su propia ficha bancaria o utilizando otras vías como el crowdlending. Con este potencial es evidente que puede posicionarse en estos negocios como un competidor de peso para la banca tradicional, sobre todo en el medio plazo.
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