
BBVA y Google han aprovechado el atípico mes de agosto de 2020 para dar a conocer su nueva alianza para la apertura de cuentas digitales en los Estados Unidos («BBVA y Google ofrecerán cuentas digitales en EE UU», El País, 4 de agosto de 2020).
Este acercamiento —otro más, en general— entre una entidad representativa del sector financiero tradicional y una de las Bigtech del grupo GAFAM, confirma la, en principio, inesperada evolución de los acontecimientos: ni los bancos de siempre han permanecido pasivos e inactivos tecnológicamente, ni las Bigtech han dejado de admitir una cierta preeminencia de aquellos, ni se han desatado, como predijeron algunos, manifiestas hostilidades entre unos y otros. Más bien al contrario, se aprecia una cordial entente, una tendencia a cooperar antes que a competir, en beneficio, sobre todo, de los consumidores.





El fenómeno de la nueva banca electrónica de mano de las fintech, sigue imparable. Tras la reciente consecución de una licencia bancaria por parte de Revolut, una de las empresas destacadas del sector, que le permitirá operar como un banco tradicional en lo que a nivel de préstamos y depósitos se refiere, el siguiente en subirse al carro de las licencias relacionadas con los servicios financieros ha sido Google. ¿Podemos hablar de un 